La Bailarina...



Esa vidriera susurradora sacaba de quicio a cualquiera, peor aún cuando se llenaba de gotas lluvia.

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El, podía sentarse durante horas a ver gotear y fraudulentamente a imaginar su figura. Algunas veces escuchaba la música y los zapatos suavemente pegajosos levitar por la porcelana de la cocina, justo encima de su techo y sentía ganas de emborracharla, emborrachar a la bailarina, eso era, para que dejará dormir por lo menos una noche.

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Esa maldita costumbre de trasnochar en soledad podía lapidarse lentamente con agave y uva o un revolver si no se llegará a un mutuo acuerdo entre sus ideas y la bailarina. En la noche de grillos elegantes y perros atados a árboles, salieron a tomar vino caliente, deporte por excelencia para amordazar ese aislamiento tan absurdo que sentían en el noveno y decimo piso. Por pura casualidad o cómo se llame, llegaron a esos temas tan acerbos, la pasión por el baile y la pérdida parcial de la visión por las letras que nadie lee.

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Él escribe o por lo menos en aquellos días lo hacía y ella, ella sólo bailaba, para despellejar a la amargura, al tiempo y a sus pies intoxicados de pasado. “Esta tarde ha llovido, ha llovido mucho, y no tengo ganas de vivir corazón. Llévate en los bolsillos gigantes del gabán un poco de las heces que vomitan esas natas negras de mi dignidad” y ella tomo las rosas de encima de la mesa y empezó a caminar y con cada paso se empozaba en la mirada de culpa que le lanzaban las luces etéreas de la calle Hastings.

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Sus oídos innatamente sordos se limitaron a seguir las sombras mientras sus hombros se encogían hasta las mejillas para caer luego sobre la almohada silenciosa. Esa noche no había bailado, ni escuchado la nota suicida del escritor, pero había recibido rosas rojas, como sus rojos labios, rojo el color de las flores de su vestido y rojo el color de la pasión. Nunca más se vieron y ella nunca supó cuantas historias habían tejido sus pasos.
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4 comentarios:

Alex Usquiano dijo...

Solo Venia a recoger tus extremidades, las que desojé aquella noche
(Dijo para sí mismo)
Y en silencio abandono la escena del crimen.

Pao**Ortiz dijo...

***FIN***

XIGARCA dijo...

Siente, como se aferra en su interior el anhelo de su presencia, aun se conforma con su sombra, sus recuerdos le agobian, pero es feliz, porque ella, esta hay.

Pao**Ortiz dijo...

Cómo siempre, cómo nunca en su limbo cerebral. Sólo hay en la mente una musiquita y unos cuantos pasos, giros sordos que se repiten eternamente. Cómo siempre, cómo nunca.